Innovación
Educar para la innovación

En estas últimas semanas me he topado con diversas conversaciones entorno a la innovación y a través de tres frases quiero reflejar como aún mucha gente no tiene claro que es la innovación. Lo asumen como importante, pero no lo tienen definido, cuáles son sus alcances, implicancias, relevancia, etc.

“La innovación es un tema de pocos, ¿para qué difundirla? copiar renta más”, “mi sector es tradicional, no creo que me afecten los cambios”, o “la palabra ya está trillada, ¿para qué sumarla a los programas de estudio?”. Como sociedad estamos llamados a incorporarla como protagonista en la educación, discusión política y cultura -aunque sea parcialmente-, si queremos tener posibilidades de avanzar al desarrollo.

Un académico señalaba “¿Por qué debemos incorporarla -innovación y emprendimiento-, cuando es un tema que directamente va a afectar a muy pocos? No se puede pretender que sean muchos, a lo más 1 o 2 por clase”. Efectivamente, las innovaciones, los emprendimientos dinámicos son pocos, para ponerlo en cifras se podría asumir que es un 1 a 3 %, y entonces ¿vale la pena educar en cultura de innovación para ese porcentaje? Efectivamente, siempre la innovación ha sido lograda por pocas personas o empresas, pero si no educamos a una sociedad que la estimule y la entienda, como son pocos, la sociedad la apaga, y en la historia del desarrollo económico el destino de muchos está amarrado al de muy pocos. Una cultura pro-innovación -que toda la sociedad sea consciente de su importancia-, no sólo no la impide, sino que puede hacer que del 1% salte al 4%, esto que parece minúsculo es multiplicar por 4 las oportunidades, y si además ayuda a potenciarla y a sumar efectos positivos en su crecimiento el impacto se sigue multiplicando, esto es lo que hace una gran diferencia en las economías. Esto también es cierto para las políticas de catch up (copiar), son pocos los que son más agiles en la tarea de adaptar con velocidad y requiere las mismas condiciones que promueven la innovación.

Un empresario me señalaba “todo esto de las tecnologías de información que cuentas, puede ser en los vanguardistas, pero mi sector es tradicional y no creo que vaya a cambiar nada”. Negar la innovación es cultural. Indudablemente su sector va a cambiar, muchas de estas historias que hoy nos parecen de ficción están ocurriendo y es verdad que los cambios son dramáticos. Educar a la sociedad para que lo acepte y se prepare sin duda que también hace una gran diferencia en la performance de las economías. El “no creer” hace que las cosas se vean lejanas e imposibles, pero si existen historias de éxito. Esta semana la Escuela de Ingeniería de la UC ha sido reconocida como la 4ta mejor facultad -en el mundo- dentro de la oferta académica emergente, cercana a la prestigiosa Olin College y superando a China (Tsinghua University, quienes inventaron los rankings mundiales de universidades). Aún habrá gente que lo niegue o lo minimice, pero es totalmente verdad. Enseñar a reconocerlo, felicitarlo, potenciarlo y aprovecharlo es parte de educar en innovación.

Finalmente, una frase repetida “Innovación es una palabra que se usa para todo, y ya está algo desprestigiada”. Si, quizás hasta tenga algo de cierto, pero el mal uso no es culpa de la palabra y no deja de quitarle su importancia. La palabra está asociada al intento de los economistas por explicar ¿por qué se desarrollan los países? La definición más usada es de Schumpeter -famoso economista, profesor de Harvard-, si tanto desorden existe, volvamos a su origen, y es que esta se ocupa para buscar el desarrollo, la simple idea de que para transitar hacia ese destino hace falta crear, sorprender, romper estándares, no sólo capital y trabajo. Profundizada su importancia por los economistas de la teoría del crecimiento endógeno, es decir, que el desarrollo de un país depende de sus fuerzas internas más que del exterior, de su capacidad de aprender, inventar, de invertir en investigación y desarrollo, y que esta economía innovadora no se rige por rendimientos decrecientes, que multiplica posibilidades. ¿no es importante?

Educar en innovación, incorporarla a la cultura, ayuda a expresar el potencial de todos los talentos y a sublimarlos. Cortar, apagar las frases de incredulidad, de desánimo, es parte de la tarea, pues creer es el primer paso para que las cosas sucedan.